Prólogo

 

Nos encontramos ante un problema complejo, tanto en su génesis como en su desarrollo, que deriva en graves consecuencias de índole física, psicológica y de relación social para las personas afectadas y para sus entornos familiar y comunitario.

La violencia doméstica, la frecuente violencia de pareja, no es un problema nuevo pero, sin duda alguna, podemos considerarlo un problema cada vez más próximo. Y no solo debido a la importante repercusión que en los medios de comunicación tienen los dramáticos sucesos de mujeres maltratadas, sino debido al hecho de que la violencia doméstica haya dejado de considerarse un «asunto privado» y empiece a reconocerse como un «problema de salud».

Este reconocimiento como problema de salud pública es el paso básico e imprescindible que permite avanzar en la búsqueda de soluciones. De este modo, realizando nuestro trabajo cotidiano como profesionales sanitarios percibimos que, en el conjunto de las necesidades de salud de la población, la violencia doméstica aparece de manera emergente constituyéndose en un nuevo reto para dar respuestas eficaces de abordaje e intervención desde el sistema sanitario.

Prácticamente todas las actuaciones clínicas realizadas en los diferentes ámbitos de atención sanitaria pueden ser complementadas con el concurso de la prevención. En el caso de la violencia doméstica, las actividades preventivas se colocan en un primer plano una vez que investigamos las fórmulas que deben conducirnos a la resolución de este problema. Concretamente, la detección precoz se presenta como el objetivo más relevante de la intervención dirigida desde el primer nivel de atención sanitaria.

El eslabón que nos compete como profesionales sanitarios, con sus vertientes de intervención preventiva, actuación clínica de coordinación asistencial e interdisciplinar, acompañadas del necesario componente investigador y de actualización de conocimientos y habilidades, ha de engarzarse adecuadamente con los eslabones que competen a profesionales de otras áreas de la sociedad, en la consecución de una cadena de abordaje integral de la violencia doméstica.

En la violencia doméstica, en la frecuente violencia de pareja, subyace fundamentalmente un problema de discriminación de género. Hay que facilitar, por tanto, un contexto educativo, cultural, que modifique los condicionantes que hacen persistir el problema, siendo imprescindible un decidido compromiso social y político para conseguirlo. En este sentido, los profesionales sanitarios debemos aprovechar el papel que tenemos como emisores hacia la población de mensajes de respeto en la convivencia.

 

Luis Aguilera García
Presidente de la semFYC

 

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